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La formación en el Seminario Mayor
consiste en integrar los recursos de que
disponen los candidatos a la
vida sacerdotal, en el marco de la
responsabilidad y libertad con la ayuda del proyecto trazado por el
Seminario a través de las dimensiones humana, espiritual,
intelectual y pastoral con sus respectivos.
La acción de los
formadores va guiando y conduciendo desde el acompañamiento en la
vida de todos los días, la responsabilidad y libertad con que cada
quien va respondiendo es indispensable y siempre tiene que tomarse
en primer plano, pero siempre con la apertura y docilidad a la
acción del Espíritu Santo quien va moldeando a cada uno a imagen de
Cristo, Jesús.
La imagen del
Alfarero, el Señor, que moldea el barro y lo convierte en una vasija
útil y bella es una imagen que nos ayuda a entendernos bajo esta
acción de Dios. "En tus manos quiero ser un vaso nuevo, hazme de
nuevo", sería la petición continua que surge desde la conciencia de
la formación.
En cuanto a las
dimensiones, podemos considerar lo siguiente:
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En la
Dimensión Humana, se busca atender
a la formación de cada uno de los
seminaristas, dentro de un ambiente que favorezca la
maduración de la personalidad, la formación de un carácter
y calidez humana a la luz de los principios y valores que ayuden
a formar hombres de Dios, a la vez, muy “humanos” y cercanos
a Dios por ser hijos de Dios.
1.
La formación humana está basada en una pedagogía integral, que
abarca todo el
ser en su madurez, física, volitiva, afectiva, intelectual
espiritual y social.
2. Se lleva a cabo a través de un
proceso continuo, progresivo y gradual que desarrolle todas
sus potencias y posibilidades.
3. Promueve al hombre para
que sea protagonista de su propio crecimiento y para
que, desde su individualidad, participe a los demás sus
cualidades y desarrolle su capacidad de servicio,
generosidad y docilidad, esto es, de donación.
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En la
Dimensión Espiritual, la formación espiritual se orienta
a la progresiva identificación de los alumnos con Cristo,
Cabeza de la Iglesia, Profeta, Sacerdote y Servidor. El
seguimiento de Cristo tiene que ser radical. No estamos
solos, pues bajo la ayuda y guía del Espíritu Santo se
camina en la entrega y la santificación.
Se procura tener en cuenta
constantemente estos elementos fundamentales:
1. Vida trinitaria y
cristológica
2. Vida
eclesiológica y
apostólica
3. Y vida antropológica
y fraterna
4. No puede,
ni debe faltar el amor y devoción a María,
madre de Dios y madre nuestra, pues ella nos lleva siempre a
Cristo.
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En la Dimensión Intelectual, seguimos los pasos de Jesús
y sus discípulos en el evangelio. Así como los apóstoles recibieron
de Jesús una formación especial en orden a su misión, el
seminarista debe entrar en una formación educativa que lo habilite
para asumir los rasgos del Buen Pastor y los retos del mundo
de hoy.
La finalidad de la formación intelectual de los
candidatos al sacerdocio es desarrollar en ellos la
capacidad de conocer y afirmar la verdad, adquirir un conocimiento amplio y sólido de las ciencias sagradas
y de la cultura general en consonancia con nuestro tiempo,
de manera
que los capacite para anunciar adecuadamente el evangelio a
los hombres de hoy.
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La
Dimensión Pastoral es la finalidad de la formación,
pues para evangelizar, hablar de Cristo, ofrecer los
sacramentos de salvación, en una palabra, ser misioneros es
para lo que Jesús llama.
Los
programas para la formación sacerdotal van pidiéndonos que el plan de formación pastoral del
Seminario tome en
cuenta el proceso de evangelización, la
catequesis, los sacramentos, la dirección espiritual de cada
alumno; el
conocimiento e inserción en el plan diocesano de pastoral, y
en los planes particulares de las parroquias movimientos y
asociaciones, permitiéndoles conocer mejor la
Diócesis y experimentar diversos aspectos del futuro
ministerio.
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